Entre ellos, a la hija de la vecina que me pellizcaba el culo durante los 15 minutos que pasábamos en el coche de su madre camino del cole y que más tarde fue compañera de borracheras y de celebración en el doblete del Atleti; a Eva y Mar, esas niñas tan maravillosas que se aprovechaban de mi en los recreos del comedor haciéndome siempre "ligar" en los juegos; al "demonio", un niño encantador que me puso los motes más adorables que podáis imaginar; también encontré a mi compañera Gema, una niña realmente maja que aún se acordaba de mí y de la que tan sólo guardo buenos recuerdos, junto a ella a Begoña, a Dori, a Ascen, incluso a una tal Paqui que ha desaparecido por completo entre las nubes de mi memoria pero que ella parece recordarme.
Gracias a ellas, recordé mi más famosa pelea contra Dolores. Dolores era la típica tía inmensa, tanto de alta como de gorda, que se peleaba con todo el mundo y a la que todos teníamos miedo.
Como no podía ser de otra manera, a mi me tenía acongojadita, pero llegó el día que me amenazó con darme con la escayola que tenía en su brazo hasta romperla contra mi cabeza. Cuando levantó la mano para llevar a cabo su amenaza, la ira invadió mi mente y me eché contra ella consiguiendo tumbarla y dejarla llorando en el suelo. No recuerdo cuál fue el castigo de mis adoradas monjas, lo que sí recuerdo es que la mole me dejó en paz el resto de la EGB.

Con todos estos encuentros y recuerdos agolpados en mi cabeza, empecé a preguntarme por qué narices los niños son tan crueles. Ahora lo llaman bullying, antes lo llamaban "normal", pero sí es verdad que parece mentira que años después puedas recordarlo y sentir que tu corazoncito aún sangra.
No todo fue tan desagradable, también hubo un ángel de dorados cabellos que me protegió: Nuria.
Guapa, alta, delgada, estudiosa, con una gran cascada rubia que caía por su espalda, ojos azules y corazón puro.
Ella me ayudaba a repasar la lección mientras caminábamos hacia el colegio todos los días, escuchaba mis penas y me enseñó a hacerme trenzas de raíz.
Recuerdo un día que me invitó a su casa a hacer los deberes. Yo no sabía por qué estaba más nerviosa, si por pasar fuera de mi casa un rato o por saber que me encontraría con su hermano! un adonis rubio 2 ó 3 años mayor que yo y que me volvía loca. Pues ese día pude jugar a uno de los juegos que yo más ansiaba tener, junto con el de operación, y que los Reyes Magos nunca me trajeron: EL TRICKY BOL!!!!
De repente pensé lo guay que sería encontrarla, me costaría un pelín dado que no recordaba sus apellidos, pero ya habría alguna forma de hacerlo, estaba segura!
Una tarde de estas, de compras en el supermercado del barrio, reconocí a una mujer. Espera, esa no es la madre de Nuria? qué pasote! no puede ser! es ella!!!!!
Tras una agradable y laaaaaarga conversación con ella, me dijo que hablaría con su hija y le daría mi número para que charláramos.
Con el paso de las semanas, pensé que quedaría en el "pues ya quedaremos" típico y que nunca ocurre, pero el otro día sonó mi teléfono: ERA ELLA!!!!!!
Menudo subidón! se acordaba de mi, no sólo eso, me recordaba con cariño!!!!! e inmediatamente resumimos cada una nuestras vidas a la otra y sentí que después de más de 20 años sin siquiera vernos, seguíamos siendo amigas.
Por supuesto, llegó lejísimos en la vida, no podía ser de otra manera, es una de las personas más inteligentes, trabajadoras y luchadoras que he conocido en la vida.
Me encanta que de vez en cuando los planetas se alineen y me guiñen un ojo, son los pequeños regalos que me regala la vida y los premios de una infancia infeliz




