- ¿Sabes qué, Destino? ayer me echaron las cartas. La tía es buenísima!!! me dijo cosas que era imposible que supiera.
- Y de amores, ¿te dijo algo?
- Sí, bueno.... me dijo que voy a conocer a 2 chicos y que podré elegir entre ellos porque ambos estarán locos por mis huesitos.
- Qué suerte! aunque, bueno, da un poco igual si tienes que elegir entre 2 ó entre 20, siempre eliges al equivocado.
Uno nunca está seguro de quién es tu amigo o tu enemigo....
Nuestros Fans
Detesto a los que me privan de la soledad y sin embargo no me hacen compañía. Irving Yalom
la Fé es creer que va a suceder,
y la valentía es hacer que suceda.
viernes, 22 de abril de 2016
jueves, 14 de abril de 2016
Un buen día
La gente suele desconfiar de las personas serias y mal encaradas, pero yo no. Yo temo más a las personas sonrientes y amables. Son unas zorras!
La guarra que me hizo esto, era de esas campanillas con voz de pito que están siempre sonriendo, acompañan sus palabras con múltiples gestos de su cara y sus ojos y entre palabra y palabra te escupen un "cariño", "guapa" o "corazón". Yo siempre las veo como las niñas princesitas de familia numerosa, con 2 ó 3 hermanos que con 5 años te taladraba el tímpano con su estridente voz y que de mayor, aunque beba orujo diréctamente de la botella o se fume 2 paquetes de tabaco negro, sigue teniendo esa voz de pito que aún en las noches más silenciosas resuena en mi cabeza.
Bueno pues a mi me tocó trabajar con una de esas.
Un día, la campanilla no sonaba tan aguda, yo ya no era su "corazón" y no gesticuló ni una sola vez en toda la mañana. La princesita estaba triste.
Pues ese día, oye, ¡que yo me vine arriba! me hacía pícaramente feliz que la campanilla tañera más grave. Seguro que por eso me pilló desprevenida durante la conversación del café cuando empezó a gimotear sobre lo infeliz que en realidad era, que nadie entendía sus problemas y que necesitaba descargar su frustración conmigo. ¿Conmigo?
Lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital con todo el cuerpo dolorido.
La guarra que me hizo esto, era de esas campanillas con voz de pito que están siempre sonriendo, acompañan sus palabras con múltiples gestos de su cara y sus ojos y entre palabra y palabra te escupen un "cariño", "guapa" o "corazón". Yo siempre las veo como las niñas princesitas de familia numerosa, con 2 ó 3 hermanos que con 5 años te taladraba el tímpano con su estridente voz y que de mayor, aunque beba orujo diréctamente de la botella o se fume 2 paquetes de tabaco negro, sigue teniendo esa voz de pito que aún en las noches más silenciosas resuena en mi cabeza.
Bueno pues a mi me tocó trabajar con una de esas.
Un día, la campanilla no sonaba tan aguda, yo ya no era su "corazón" y no gesticuló ni una sola vez en toda la mañana. La princesita estaba triste.
Pues ese día, oye, ¡que yo me vine arriba! me hacía pícaramente feliz que la campanilla tañera más grave. Seguro que por eso me pilló desprevenida durante la conversación del café cuando empezó a gimotear sobre lo infeliz que en realidad era, que nadie entendía sus problemas y que necesitaba descargar su frustración conmigo. ¿Conmigo?
Lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital con todo el cuerpo dolorido.
viernes, 1 de abril de 2016
Anoche por la noche
Ayer por la noche escuché gemir a mi vecina mientras follaba. (mientras follaba ella, no yo....por desgracia)
Hace 3 meses que vivo en esta casa
Eso quiere decir que:
- Yo estoy sorda
- Ella folla poco
Fin de la cita.
Hace 3 meses que vivo en esta casa
Eso quiere decir que:
- Yo estoy sorda
- Ella folla poco
Fin de la cita.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Felices días de las etiquetas
En marzo toca el día del padre, en mayo el día de la madre. Pues que sepáis que ESTOY HASTA LOS GÜEVOS!!! porque vosotros me diréis, ¿qué puede celebrar una niña sin padre o con una madre tirana?. A LA MIERDA!!! además, siempre toca cocinar una comilona de "sus muelas" para celebrar el evento o acudir cual rebaño a un restaurante saturado, donde un maître con un palo metido por el culo te dirá que sin reserva no hay mesa.
No me gusta celebrar la hipocresía de "los días de...". Recuerdo que de la única que siempre disfruté fue del día de los abuelos que celebraban las monjas.
Yo soy la pequeña de media docena de nietos y por desgracia, sin ninguna tara de nacimiento que me haga merecer el amor gratuito de mi familia. Así que era la única oportunidad que tenía (además del día de mi cumpleaños) de que mi amada abuela me felicitara y se sintiera orgullosa de su nieta pequeña.
Y unos 35 años después de aquellas experiencias, resulta que soy madre. Y lo fui también sin taras, ni grandes esfuerzos, sin embarazos traumáticos y (gracias a Dios) con una hija perfecta y preciosa. Pues feliz día de la madre, oye.
Lo que siempre se me olvida, es que soy mujer. Sólo por eso, ya tenemos otro día más de celebración. Se creerán los machitos (ya sean hombres o mujeres) que es la leche ser mujer. PUES NO!.
Sólamente el hecho de tener la regla ya es un coñazo que te tiene pringada todo el puñetero mes. Eludiendo los efectos farragosos que todos conocemos, unos días te duele el pecho, después te pesa, luego se te hincha, si eres afortunada sientes esos 3 síntomas juntos, luego te duelen los ovarios. Acto seguido, llegan 2 ó 3 días fantásticos en los que ovulas y tu cuerpo elimina por si sólo toxinas y líquidos varios y te sientes ligera y deshinchada.
Como 3 días sin sentimientos incómodos han sido demasiado tiempo y para que no te acostumbres, inmediatamente después se te vuelve a hinchar el peso, notas el peso de tus ovarios, te cambia el humor cada 5 minutos y eres capaz de reír mientras lloras y le gritas a la persona más cercana que son unos machistas insensibles por pensar que tu estado es producto del síndrome pre-menstrual.
Así que después de estas profundas reflexiones y con un dolor de pecho horroroso, sientiendo el peso de mis ovarios, y haciendo uso de todas las capacidades "celebrales" que me permite el síndrome pre-menstrual, puedo decir alto y claro, que ODIO ser mujer. En unos días decidiré si operarme y hacer el cambio definitivo.
martes, 1 de marzo de 2016
Zona de confort
A Dios pongo por testigo, que en algún momento de la vida arreglaré el blog y pondré de nuevo mis molonas fotos. Que como nos contó el sábado nuestra querida Ana González Duque, más conocida como MariJo, no se puede tener un blog tan zarrapastroso si quiero ser escritora de éxito y tener cienes y cienes de seguidores.
AAAayyyyyy la zona de confort....lo bien que nos hace sentir y lo jodídamente difícil que es salir de ella. Claro que si no fuera así, no se llamaría "zona de confort", se llamaría "colchón de muelles" o cualquier otra cosa, pero de confort nada.
Yo soy lo que viene siendo, una experta en salir de la zona de confort. De hecho, si por fin he llegado a esa zona, enseguida pienso que es muy raro que todo vaya bien y voy y me cargo yo solita el confort con pensamientos de mal rollo, comeduras de tarro y todo lo demás hasta que consigo que el confort se convierta en una cama de pinchos. Porque puestos a joder la zona de confort, ¿por qué quedarnos en colchón de muelles pudiendo estar más incómodos aún? Pues eso.
Echando la vista atrás, que con eso de la crisis de los 40 me siento súper nostálgica, he recordado las cosas que antes me hacían feliz, lo que hacía que mi rutina fuera confortable y que yo solita me quité de un plumazo y que encima por gilipollas, no he vuelto a tener.
Echo de menos mis cuentos para adultos, hecho de menos salir a bailar, echo de menos ser una inmadura y solitaria veinteañera que no tenía que dar explicaciones a nadie. Echo de menos ir al cine y tener dinero.
Echo de menos tener un perro. Echo de menos tener tiempo para poder perderlo con el perro. Enseñarle agility, sacarle trozos sangrantes de personas de sus fauces, salir con un bocadillo a un parque a comer con el primer rayo de sol de enero, rebozarnos ambos en la arena húmeda de la playa....
Echo de menos mi gimnasio. Echo de menos a mis compañeras. Echo de menos sentirme cansada y sobretodo echo de menos no sentirme descansada.
Echo de menos no tener responsabilidades pero también echo de menos los besos y abrazos de mi hija, tan aríscamente adolescente que ya no permite ni la menor muestra de cariño.
Echo de menos el aburrimiento de la zona de confort y por eso, estoy haciendo todo lo posible por volver a conseguirlo y haré todo lo posible por mantenerlo cuando lo tenga. Permaneceré calladita, quieta. Y prometo intentar mantener alejados los pensamientos tóxicos que siempre consiguen convertir mi confort en una cama de pinchos.
AAAayyyyyy la zona de confort....lo bien que nos hace sentir y lo jodídamente difícil que es salir de ella. Claro que si no fuera así, no se llamaría "zona de confort", se llamaría "colchón de muelles" o cualquier otra cosa, pero de confort nada.
Yo soy lo que viene siendo, una experta en salir de la zona de confort. De hecho, si por fin he llegado a esa zona, enseguida pienso que es muy raro que todo vaya bien y voy y me cargo yo solita el confort con pensamientos de mal rollo, comeduras de tarro y todo lo demás hasta que consigo que el confort se convierta en una cama de pinchos. Porque puestos a joder la zona de confort, ¿por qué quedarnos en colchón de muelles pudiendo estar más incómodos aún? Pues eso.
Echando la vista atrás, que con eso de la crisis de los 40 me siento súper nostálgica, he recordado las cosas que antes me hacían feliz, lo que hacía que mi rutina fuera confortable y que yo solita me quité de un plumazo y que encima por gilipollas, no he vuelto a tener.
Echo de menos mis cuentos para adultos, hecho de menos salir a bailar, echo de menos ser una inmadura y solitaria veinteañera que no tenía que dar explicaciones a nadie. Echo de menos ir al cine y tener dinero.
Echo de menos tener un perro. Echo de menos tener tiempo para poder perderlo con el perro. Enseñarle agility, sacarle trozos sangrantes de personas de sus fauces, salir con un bocadillo a un parque a comer con el primer rayo de sol de enero, rebozarnos ambos en la arena húmeda de la playa....
Echo de menos mi gimnasio. Echo de menos a mis compañeras. Echo de menos sentirme cansada y sobretodo echo de menos no sentirme descansada.
Echo de menos no tener responsabilidades pero también echo de menos los besos y abrazos de mi hija, tan aríscamente adolescente que ya no permite ni la menor muestra de cariño.
Echo de menos el aburrimiento de la zona de confort y por eso, estoy haciendo todo lo posible por volver a conseguirlo y haré todo lo posible por mantenerlo cuando lo tenga. Permaneceré calladita, quieta. Y prometo intentar mantener alejados los pensamientos tóxicos que siempre consiguen convertir mi confort en una cama de pinchos.
martes, 23 de febrero de 2016
FRANÇOISE
Yo estudié francés en el cole, durante el BUP. Y sí, también estudiamos el idioma. De ahí que a mis 41 años no sólo no se me quejen, sino que hasta me feliciten por mi dominio de la lengua.
El caso es que yo tuve una profesora de sustitución porque a mi profesora oficial le dio por quedarse embarazada. La mujer que vino en su lugar, nunca la olvidaré. Era como Geraldine Chaplin: delgada, mediana edad, arrugas y con mucha pinta de francesa. Ella nos enseñó entre otras muchas cosas, 2 llamados "falsos amigos" del idioma:
Nos enseñó que ella se llamaba Françoise (fgansuas), no François (fgansuá). Debíamos tener claro, que a ella sus padres le pusieron "Paca", no "Paco".
Qué quieres que te diga, pero aunque pueda parecer una estupidez, estoy segura que esa pequeña diferencia en la pronunciación puede arruinar un negocio de cientos de miles de egggos.
Tampoco podemos olvidar que en aquellos años, más de uno se equivocó con una tal Vivi Andersen que por ese entonces aún tenía algo de "Paco", y le hubiera venido muy bien haber sabido la diferencia básica que nuestra profesora Fgansuas nos enseñó.
Y la segunda cosa (no por ello menos importante) que nos dejó claro fue que cuando llegáramos a Francia y si escuchábamos que alguien estornudaba, nunca le preguntáramos "êtes-vous constipé?" porque por mucho que "chaleco" en francés se diga "chalequé", "constipé" no tenía nada que ver con un catarro sino con una diarrea.
Imagino que no necesitáis más explicaciones ni razones por las que esto debe quedaros grabado a fuego en vuestras mentes. Pero por si acaso hay alguna rubia entre el público remarcaré, que es evidente que nunca fue lo mismo estar llenos de mocos, que de mierda.
El caso es que yo tuve una profesora de sustitución porque a mi profesora oficial le dio por quedarse embarazada. La mujer que vino en su lugar, nunca la olvidaré. Era como Geraldine Chaplin: delgada, mediana edad, arrugas y con mucha pinta de francesa. Ella nos enseñó entre otras muchas cosas, 2 llamados "falsos amigos" del idioma:
Nos enseñó que ella se llamaba Françoise (fgansuas), no François (fgansuá). Debíamos tener claro, que a ella sus padres le pusieron "Paca", no "Paco".
Qué quieres que te diga, pero aunque pueda parecer una estupidez, estoy segura que esa pequeña diferencia en la pronunciación puede arruinar un negocio de cientos de miles de egggos.
Tampoco podemos olvidar que en aquellos años, más de uno se equivocó con una tal Vivi Andersen que por ese entonces aún tenía algo de "Paco", y le hubiera venido muy bien haber sabido la diferencia básica que nuestra profesora Fgansuas nos enseñó.
Y la segunda cosa (no por ello menos importante) que nos dejó claro fue que cuando llegáramos a Francia y si escuchábamos que alguien estornudaba, nunca le preguntáramos "êtes-vous constipé?" porque por mucho que "chaleco" en francés se diga "chalequé", "constipé" no tenía nada que ver con un catarro sino con una diarrea.
Imagino que no necesitáis más explicaciones ni razones por las que esto debe quedaros grabado a fuego en vuestras mentes. Pero por si acaso hay alguna rubia entre el público remarcaré, que es evidente que nunca fue lo mismo estar llenos de mocos, que de mierda.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Spinning
Mientras mi entrenador grita arengas para que vaya más rápido y más fuerte, yo tan sólo puedo pensar en que hoy le queda especialmente bien esa camiseta blanca.
Sin darme cuenta, he aumentado la velocidad y empiezo a sentir mi corazón latir más rápido. El calor cada segundo es más sofocante, pronto empezaré a sudar.
Me pongo en pie en la bici, mis brazos se tensan y soy más consciente de mi propio cuerpo: del sillín rozando mi culo, de la música que me insta a esforzarme más...
Me miro al espejo y veo mi reflejo subiendo y bajando en la bici mientras el entrenador me ordena que aguante arriba.
Un pequeño escalofrío recorre mi espalda y en respuesta, una gota de sudor comienza a bajar por la cabeza hasta mi nuca. Sentir esa primera gota recorrer mi cuero siempre me excita.
Mientras el entrenador nos da permiso para sentarnos de nuevo en la bici, el roce del sillín en mi sexo me provoca un ligero gemido.
Este será tan sólo el principio.
Las órdenes del entrenador, la música, el calor, el sudor humedeciendo mi cuerpo y mi corazón latiendo cada vez más rápido, suelen hacer estas clases muy placenteras.
Con la siguiente canción el ritmo sube porque toca hacer un sprint. Debería concentrarme más en el ejercicio pero la camiseta cada vez más mojada del entrenador pegándose a su perfectamente esculpido torso, no me permiten pensar, tan sólo sentir, tan sólo siento el roce fortuito de mi sexo con el sillín. Otro sprint. Más corto e intenso. Ahora en pie. Más rápido. Más fuerte. Mis latidos se desbocan. Me falta el aire. Jadeo. Cuando creo que estoy al límite de mis fuerzas, suena el último acorde de la canción y pedo sentarme.
Las piernas casi no me responden, los brazos parecen haber perdido sus fuerzas y un calor extraño invade mi cuerpo haciendo el recorrido que hizo aquella primera gota de sudor.
Como si de la última exhalación se tratara, mi garganta emitió un gemido, mi cuerpo se sacudió en un estremecimiento y sonó la última nota de la última canción.
Sin darme cuenta, he aumentado la velocidad y empiezo a sentir mi corazón latir más rápido. El calor cada segundo es más sofocante, pronto empezaré a sudar.
Me pongo en pie en la bici, mis brazos se tensan y soy más consciente de mi propio cuerpo: del sillín rozando mi culo, de la música que me insta a esforzarme más...
Me miro al espejo y veo mi reflejo subiendo y bajando en la bici mientras el entrenador me ordena que aguante arriba.
Un pequeño escalofrío recorre mi espalda y en respuesta, una gota de sudor comienza a bajar por la cabeza hasta mi nuca. Sentir esa primera gota recorrer mi cuero siempre me excita.
Mientras el entrenador nos da permiso para sentarnos de nuevo en la bici, el roce del sillín en mi sexo me provoca un ligero gemido.
Este será tan sólo el principio.
Las órdenes del entrenador, la música, el calor, el sudor humedeciendo mi cuerpo y mi corazón latiendo cada vez más rápido, suelen hacer estas clases muy placenteras.
Con la siguiente canción el ritmo sube porque toca hacer un sprint. Debería concentrarme más en el ejercicio pero la camiseta cada vez más mojada del entrenador pegándose a su perfectamente esculpido torso, no me permiten pensar, tan sólo sentir, tan sólo siento el roce fortuito de mi sexo con el sillín. Otro sprint. Más corto e intenso. Ahora en pie. Más rápido. Más fuerte. Mis latidos se desbocan. Me falta el aire. Jadeo. Cuando creo que estoy al límite de mis fuerzas, suena el último acorde de la canción y pedo sentarme.
Las piernas casi no me responden, los brazos parecen haber perdido sus fuerzas y un calor extraño invade mi cuerpo haciendo el recorrido que hizo aquella primera gota de sudor.
Como si de la última exhalación se tratara, mi garganta emitió un gemido, mi cuerpo se sacudió en un estremecimiento y sonó la última nota de la última canción.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)